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Jueves, noviembre 23, 2017

Schoenstatt nace a comienzos del siglo, a partir de la labor pedagógica del P. José Kentenich en el Seminario Menor de la comunidad de los Padres Pallottinos, en el lugar llamado Schoenstatt. Schoesntatt (que significa “lugar hermoso”), es un barrio del pueblo de Vallendar a orillas del Rhin, Alemania.
La historia de Schoenstatt está marcada por acontecimientos simples, pero de profundo significado, a partir de los cuales se ha gestado un vigoroso movimiento de gracias, vida y de ideas.

Desde pequeño el P. Kentenich debió sufrir en su propia persona el desarraigo típico de nuestro tiempo debido a una difícil situación familiar. Pasó por duras pruebas espirituales durante todo el período de sus estudios. Sin embargo, también pudo experimentar en la acción educadora de María, a quien se había confiado, el camino de solución y arraigo en el mundo natural y sobrenatural.

Poco a poco se fue delineando en su corazón el anhelo por la creación de un hombre nuevo y una nueva comunidad, capaz de enfrentar los desafíos del tiempo. En 1912, el P. Kentenich es nombrado director espiritual de los jóvenes del Seminario Menor. Comienza a educarlos motivándolos a emprender la tarea de su propia transformación en un ambiente de libertad y confianza. Lo hacía básicamente despertando la propia energía formativa de los jóvenes, entusiasmándolos por grandes y verdaderos ideales morales y cristianos. Su propia experiencia y su visión del papel de María como Madre y educadora, lo lleva a formar con ellos una Congregación Mariana, como “un medio excelente para la realización de nuestros ideales juveniles y para lograr de manera mas perfecta, rápida y segura, la meta de nuestra educación”: Encontrar a Jesús por María. (Plática en la fundación de la Congregación Mariana, N 2).

Dos años después de haber iniciado su labor pedagógica con los jóvenes, estallo la primera guerra mundial (agosto 1914). ¿Qué hacer para que el ambiente duro, agnóstico y amoral del ejercito y la guerra no destruyera los ideales y la fe de los jóvenes? En su búsqueda cayó en sus manos la historia de un abogado italiano, Bartolo Longo, quien había “creado” un santuario mariano en Pompeya. Vio en ello un signo de la Providencia de Dios. ¿No estaría en sus planes que la pequeña capillita -que recién había sido puesta a disposición de la Congregación Mariana- se transformara en un santuario, donde María llegara a ser la Madre y educadora de los jóvenes? ¿No debían pedir a María que ella instalara allí su trono de gracias?.

Después de un tiempo de oración y meditación, el 18 de octubre de 1914 propuso esta “secretar idea predilecta” a los jóvenes. Los invitó a pedir que la Virgen se estableciera espiritualmente en ese lugar. Ellos debían atraerla con las pruebas de su amor, con el esfuerzo por su autoeducación y por desarrollar el espíritu apostólico. La presencia de María debía ser avalada por una santidad de la vida diaria, por una vida heroica de seguimiento al Señor y su voluntad: Ellos debían ofrecer a María “abundantes contribuciones al Capital de Gracias”.

La historia se encargó de demostrar que el P. Kentenich no se había equivocado en la interpretación del plan de Dios y que había “sintonizado” con el Espíritu Santo.

Hasta la muerte del fundador (15 de septiembre de 1968), se desarrolla un paulatino crecimiento del Movimiento en extensión y profundidad. La plática del 18 de octubre de 1914 –llamada luego primera Acta de Fundación- es testigo del acontecimiento central y fundacional de Schoenstatt. La alianza del P. Kentenich y de los jóvenes con María en el Santuario, es la semilla de donde brota toda la vitalidad y la estructura de Schoenstatt. La pequeña capillita se transformó en un santuario mariano y en centro de un movimiento internacional de renovación para la Iglesia y el mundo actual.