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Martes, julio 25, 2017

Pedagogía del ideal

Cada persona es original, posee una tendencia interior a desarrollarse. El educador ayuda a que descubra su originalidad y talentos propios y asuma libremente la misión que tiene según el plan de Dios.
Somos personas, cada cual un mundo en sí mismo, irrepetible, único y original. Estamos llamados a ocupar en el mundo un lugar propio y a cumplir una misión. Cada uno de nosotros encierra en sí un germen con toda la potencialidad para llegar a ser lo que Dios pensó de nosotros al crearnos. El educador se aemeja al jardinero, que prepara y abona el terreno de la planta, que la riega y la cuida con amor, le da luz y calor, le pone tutor y la poda para que dé más fruto.

El educador schoenstattiano que aplica la pedagogía del ideal, posee el arte de mostrar a cada persona y a cada comunidad su valor propio. Ayuda a descubrir los talentos que Dios ha puesto en ellas, los despierta y fomenta. Entusiasma por los más altos ideales, pues el Señor no nos llama a ser mediocres, sino a remontar las cumbres. Su consigna es “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48). Y porque Dios pensó en grande del hombre y de cada persona; porque él nos dignificó y confirió grandes tareas, el educador se esmera por presentar valores e ideales que enaltecen y despiertan lo mejor que Dios puso en el corazón del hombre.

¿Cómo actúa un jefe de Schoenstatt según la pedagogía del ideal?
Ante todo, él mismo debe ser un idealista, alguien que aspira a lo alto, que quiere construir un mundo nuevo.

Como jefes , nuestro ejemplo de vida constituye un factor decisivo en nuestro actuar pedagógico.

Sin embargo, esto no quiere decir que ya debamos ser “perfectos”. Siempre estaremos en camino y una y otra vez caeremos y nos apartaremos del ideal. Lo importante es que no claudiquemos; que con humildad lo reconozcamos y pidamos perdón a Dios y que siempre tengamos el valor de comenzar de nuevo. También así mostramos el ideal a los nuestros.

Mostramos también los ideales en la medida en que ponemos a los nuestros en contacto con personas y comunidades que encarnen los ideales de Schoenstatt. El testimonio vivo entusiasma y hace que las personas se sientan identificadas y atraídas por el mundo que perciben en ellas, por la alegría y la paz personal que irradian los que se confiesan hijos de Schoenstatt.

El jefe ayuda a los suyos a tomar conciencia del plan de Dios; muestra los grandes ideales válidos para todo cristiano hijo de nuestro tiempo, y procura que cada uno descubra, en el contexto de esos ideales, su propio ideal. Llama a su gente a ser algo grande, lo mueve a trascenderse a sí mismo y a superar el ambiente materialista, mediocre y cómodo en que normalmente vive el hombre actual. (Tomado del “Manual del Dirigente. P Rafael Fernández).